Seducida por la ciudad Dantesca

Seducida por la ciudad Dantesca

Entre viaje y viaje siempre vuelvo a Firenze. Es algo así como mi punto de referencia. Me quedo entre 5 y 7 meses, trabajo, ahorro, saludo amigos, hago algún curso de algo, y vuelvo a partir. Es una pausa, una parada, que me sirve tanto para asimilar lo vivido como para prepararme para el próximo viaje.

Me sirve también para darme cuenta de lo afortunado que uno puede ser si es capaz de elegir dónde y cómo vivir su vida. Firenze es una ciudad con muchas oportunidades, y aunque no es la única, es la que yo elegí.

Caminar por Firenze es embriagarse con sus aromas a cada paso. Es aprender su historia, entender su cultura, disfrutar de su herencia. Caminar por Firenze es retroceder en el tiempo, a los días en que occidente gozaba de su mayor apogeo artístico y a la época en que nacía también la lengua italiana. Firenze es sentirse en casa…en casa de Leonardo, de Michelangelo, de Dante, de Donatello, de Brunelleschi, de Boccaccio, de Maquiavelo y hasta del aventurero Américo Vespucci.

Es por eso por lo que la antigua capital italiana atrae como la miel a las abejas. Y entonces algunas mañanas, (no siempre, a veces, sólo cuando no escuchaste la alarma del despertador…) Firenze se vuelve además la pista de una carrera de obstáculos en la que esquivar ciclistas y peatones resulta quizás apenas más fácil que combatir con turistas distraídos que sólo ven a través del lente de su Cannon. Toparte sin escapatoria delante de una manada de japonesitos que, siguiendo a su guía como un rebaño de ovejas son imposibles de atravesar, puede ser lo peor que te pase cuando vas llegando tarde al trabajo. Más o menos como cuando te cierran la barrera delante y justo lo que pasa es un infinito tren de carga…

Me gusta Firenze. Sí, es verdad que tal vez le falte el mar y no tenga playa; pero es fantástica y muy completa. Me permite trabajar, estudiar, salir con mis amigas y conocer gente nueva. En Firenze además de los miles de turistas que la visitan cada día, hay gente de paso todo el tiempo: artistas, inmigrantes y estudiantes, de Italia y del mundo. Eso hace que siempre haya alguien con quién charlar y de quién aprender algo nuevo. Porque yo creo que todos, desde el más erudito catedrático hasta el más pobre campesino, tienen siempre algo para contar y algo para enseñar. Entonces yo que no soy para nada curiosa, ni me gusta tampoco hablar con la gente (sarcasmo), ¡Acá no me aburro nunca!!!!!

Es una ciudad famosa, y con motivos de sobra. Ubicada en la encantadora región de Toscana, tierra que ha sido musa inspiradora de cientos de libros, novelas, canciones y películas, abunda en excelente cocina y magníficos vinos, buena compañía, buenos campos y caballos, que para mí son tan importantes. Arte, historia, cultura, tradición conviven codo a codo con nuevos movimientos idealistas y de vanguardia educativa, social y tecnológica. Porque Firenze es una ciudad dónde se fusionan el pasado y el presente; ayer y hoy, lo antiguo y lo moderno.

Además es un punto geográficamente estratégico. Ubicada casi en el centro de Italia, equidistante del norte y del sur, y “a tiro de piedra” de cualquier ciudad o pueblo que se me ocurra visitar en una escapada de fin de semana.

Firenze es linda, se puede hacer turismo mil veces sin dejar de descubrir nunca nuevos rincones, nuevos bares temáticos, nuevos artistas, nuevos amigos e incluso nuevos secretos conservados por siglos entre muros de piedra.

Una de las cosas que más me fascina de Firenze es ver cómo se mantiene a la vanguardia en muchos aspectos. Es una ciudad que mira al futuro porque entendió el compromiso con las problemáticas ambientales. Y no sólo.

Deberían ser más las «pizzaiolas» que se animen a desafiar al mercado masculino

Las mujeres trabajan a la par del hombre. Por sus calles encontramos sin problemas taxistas, choferes de autobuses y de camiones, pizzaiolas, chefs, policías, militares, recogedoras de basura, limpiadoras callejeras; todos oficios que aún en muchísimos lugares están reservados sólo para los hombres.

Los perros y mascotas son aceptados como miembros de la familia y parte de la sociedad. Tienen ingreso permitido en bares, restaurantes, bancos, negocios en general y hasta supermercados. Y muchas veces los comercios colocan bebederos con agua en las veredas para ellos. Por el contrario, está absolutamente prohibido fumar en espacios cerrados.

Hay un sistema de movilidad super efectivo y ecológico: Bicis compartidas que podés encontrar en cualquier punto de la ciudad a través de una aplicación del celular, y pagar sólo por los minutos usados. Autobuses eléctricos, taxis eléctricos y coches personales eléctricos que se cargan en enchufes gigantes. ¡Y los taxis se pueden pagar con tarjeta porque tienen posnet incluido! Hay coches compartidos que, como las bicicletas, se encuentran distribuidos por todo el centro y alrededores. Se alquilan a través de una aplicación del celular y se pagan únicamente los kilómetros recorridos, que se debitan de tu tarjeta personal. Los hay alimentados a combustible y los hay eléctricos también.

Hay centros de reciclaje y contenedores especiales para la basura diferenciada por todos lados, kilómetros y kilómetros de bicisendas y enormes espacios verdes con sectores especialmente preparados para perros y para deportistas.

Y que decir de la comida. Bares y restaurantes vegetarianos, negocios eco-sostenibles, supermercados de productos biológicos y vegetarianos, locales pet-friendly, productores locales de alimentos kilómetro cero y 100% biológicos que incluso hasta te llevan el pedido a tu casa, directamente desde su huerta. En bicicleta, por supuesto… Simplemente genial.

Para muchos estas características pueden ser comunes, pero en la gran mayoría de las ciudades latinoamericanas son cosas que nos las soñamos todavía, como cuando los coches se detienen para dejarte cruzar por la senda peatonal, aunque no haya semáforo.

Como si no fuera suficiente, Firenze es también una meca artística. Abundan cursos y carreras que abarcan las más variadas disciplinas creativas: de la arquitectura a la danza, del teatro a la ópera; y por sus calles deambulan escritores, pintores, músicos, escultores, cineastas y fotógrafos en busca de inspiración. Y la encuentran, a raudales…. Algunos son famosos, a otros los conocen sólo sus amigos; pero todos comparten una cosa en común: el haber sido seducidos por una de las más bellas ciudades de este globo.

Por todo esto y por muchas otras cosas que seguramente ahora escapan a mi memoria, es que con placer regreso a Firenze al final de cada viaje.

 

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