Escueta guía de Le Cinque Terre

Escueta guía de Le Cinque Terre

 

Le Cinque Terre es un área geográfica de la Liguria, al noroeste de Italia, que como dice su nombre, está compuesta por cinco tierras, o aldeas de pescadores.

Además de la belleza particular de cada uno de estos pueblitos, la región entera es famosa por su riqueza natural y paisajística. Esto hizo que en 1997 Le Cinque Terre, junto con Porto Venere y las Islas Palmarias, fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde entonces los pobladores reciben visitantes todo el año, sin distinción de temporadas.

Estos cinco famosos pueblitos y otros menos conocidos se localizan dentro del área protegida del Parco Nazionale delle Cinque Terre, que incluye además una Reserva Marina. El objetivo de este proyecto nacido en 1999 es el de tutelar los ambientes marinos y la biodiversidad del área, caracterizada por una fauna y flora no comunes en el resto del Mar Mediterráneo.

Junto con Francia y El Principado de Mónaco, se creó el Santuario de los Cetáceos para proteger a los más de 40.000 cetáceos que viven en sus aguas, entre los que contamos delfines listados, mulares y comunes; calderones grises y comunes; cachalotes, zifios y rorcuales menores. Algunas de éstas y otras especies como tortugas marinas, se encuentran en grave peligro de extinción a causa de las siempre más invasivas actividades humanas, como la pesca, el tránsito náutico y la contaminación de las aguas.

 El panorama general del área de las Cinco Tierras y demás pueblos de la costa lígure es muy similar entre sí, caracterizado por la construcción de terrazas que los pobladores, en su intención por aprovechar la tierra para la agricultura, fueron edificando a través de los años.

las terrazas forman parte del paisaje

Una extensa red de terrazas llamadas «ciàn», forman hoy parte del paisaje, y son el resultado de décadas de trabajo manual erigiendo muros secos de piedra. En ellas se cultivan principalmente viñas y olivos, así como también hortalizas, albahaca, ingrediente primordial en la realización del pesto; otras aromáticas y unos poco frutales.

 LOS CINCO PUEBLITOS

   Monterosso es el primer pueblo de Cinque Terre llegando desde el norte, o el último si venimos del sur. El pueblo se divide en dos partes, la más antigua es el verdadero centro, donde están las iglesias y los edificios medievales. A través de un túnel perforado en la montaña se llega a Fegina, la zona nueva de la ciudad, donde además de la estación de tren, numerosos restaurantes, heladerías y opciones de alojamiento, está la playa. En lo alto existió una vez un castillo del que hoy sólo quedan restos que se pierden en el terrero. Ese castillo perteneció a la poderosa familia longobarda Obertenghi, que defendió Monterosso de diversas invasiones durante la Edad Media.
Hoy su lugar lo ocupan el cementerio y el convento de los Capuchinos, cuya pequeña iglesia alberga importantes obras atribuidas a Van Dick, y otros artistas. Caminando por el centro se puede visitar la Iglesia de San Giovanni Battista, y más adelante la estatua del Gigante que se encuentra al final de la playa de Fegina, y que se ha convertido en una de las postales de Monterosso.

  Vernazza Considerada por muchos como la más sugestiva de las Cinco Tierras, es fácilmente reconocible por su torre circular que vigila desde lo alto. Sus viviendas fueron construidas siguiendo el curso del torrente Vernazzola, hoy día cubierto hasta su desembocadura en el mar. El ambiente marino se respira en cada rincón de la pequeña plaza principal, que se ubica exactamente al lado del diminuto puerto donde las barcas de los pescadores hoy conviven con motos de agua y kayaks.

Vernazza desde el sendero natural

El principal edificio del centro es la iglesia de Santa Margherita di Antiochia. En cambio, en las afueras del pueblo se encuentra el Santuario di Nostra Signora di Reggio, que alberga en su interior la figura de la Madonna negra y su niño, que se conoce como La Africana, y que atrae excursionistas, peregrinos y curiosos que han oído hablar de ella. En lo alto, el Castillo de Doria y su torre Belforte se convierten en un mirador al que merece la pena subir por sus panorámicas de 360 grados.

el pequeño puerto de Vernazza
callecita del centro

     Corniglia   es la más pequeña de las cinco tierras y la única que no se conecta directamente con el mar, sino que se sitúa sobre un promontorio de unos cien metros, rodeado de viñedos distribuidos en las características terrazas. Esto hace que Corniglia goce de los mejores miradores naturales. En su diminuto centro histórico, encontramos algunas iglesias y edificios que datan del medioevo, tiendas de productos locales y el pequeño Largo Taragio que es el corazón de la aldea. Corniglia está unida a Vernazza por un encantador paseo a medio camino entre el mar y la montaña, pero también se puede llegar en bus desde la estación de trenes de Vernazza, o con el tren, aunque en este caso será necesario subir andando los 377 escalones de la Lardarina.

    Manarola es la que más me gustó. El pueblo fue construido en torno a la vía principal, la Via di Mezzo, que cubre el curso de un antiguo torrente de agua llamado Groppo, y que termina en un pequeño y carismático puerto. Lo que hace de este pequeño pueblo un lugar especial es la capacidad para acomodar en el poco espacio físico, todo lo necesario para la vida cotidiana. Casas, negocios, restaurantes, tiendas y servicios encajan dentro como si fuera una maqueta escolar. No hay coches, pero en su lugar encontramos aparcadas barcas que sirven de transporte a los locales, y de herramienta de trabajo a los pescadores.

En los paredones naturales que la rodean se observan las típicas terrazas sostenidas por los muros secos de piedra, donde crecen viñedos que dan vida al característico vino local, conocido como sciacchetrà, y que podemos degustar en restaurantes y bares de cualquiera de las cinco tierras. Desde Manarola parte el famoso tramo de la Via del Amore hasta Riomaggiore, que desgraciadamente permanece cerrado por derrumbamientos rocosos. Excavada entre 1926-1928, se hizo célebre por la espectacularidad y la belleza del recorrido. Su nombre nace de los mensajes y declaraciones de amor escritos en todas las lenguas imaginables.

  Riomaggiore es la más oriental de las Cinco Tierras, que se sitúa en el valle del antiguo Rivus Major, o Río Mayor, del cual toma su nombre. Esta aldea cautiva con sus casas de colores apiñadas sobre la roca, que se distribuyen en distintos niveles paralelos y suelen tener dos accesos, uno inferior y otro del lado de la montaña, al segundo piso. Van siguiendo el abrupto recorrido del río, siempre en descenso hacia el mar, para culminar como en los otros pueblos, en un pequeño puerto. Desde la plaza principal, donde está la sugestiva Chiesa di San Giovanni Battista, ascendemos hacia el Castillo de Riomaggiore, enclavado en lo alto de la colina. El en centro encontramos otros humildes y sencillos monumentos, como la iglesia de la Confraternita dell’Assunta. Pero lo más atractivo de Riomaggiore son sus vistas desde el final de la escollera, o mejor aún, desde el mismo mar.

 LAS PLAYAS

Las playas de arena no son muy comunes en Liguria, de hecho, la costa lígure es básicamente empinada y rocosa. En Fegina, la parte nueva di Monterosso, encontramos la playa de arena más extensa, seguida por aquella de Levanto.

Paseo Marítimo de Portovenere

Corniglia se jacta de poseer la playa más cálida y la más discreta. La primera, ubicada bajo la estación ferroviaria, tiene un característico murallón que refleja la luz del sol y aumenta la temperatura. La segunda es la Playa del Guvano, meta predilecta de nudistas. Vernazza, Riomaggiore y Manarola en cambio tienen sólo pequeños balnearios. Pero entre Palmaria y PortoVenere existen numerosas y encantadoras playas, entre las que destaca Bagno Arenella, situada en el corazón de la hiperprotegida área marina di PortoVenere. En la isla de Palmaria las playas del Secco y del Pozzale están entre las playas más bellas de la Liguria, con arena mixta.


 QUÉ MÁS VER

Aunque los cinco pueblitos son cercanos entre sí y pueden ser visitados todos en un sólo día, está bueno pasar

Palazzata de PortoVenere

al menos una noche en alguno de ellos, no sólo para conocer como es la vida local cuando desaparecen el 90% de los turistas que la abarrotan durante el día, sino porque además existen otros burgos iguales o más bellos, muy cercanos y que realmente vale la pena visitar.

PORTO VENERE   es un antiquísimo pueblo pesquero y joya del Golfo de los Poetas. Sus orígenes se remontan al II siglo d.C. Es famoso por sus monumentos históricos, por la belleza de su centro urbano y también por sus paisajes. Un lugar ideal para respirar la atmosfera de otros siglos. Los lugares por visitar son la Chiesa di San Lorenzo, los Mulinos, La Grotta Arpaia o de Byron, la Chiesa di San Pietro y el espectacular Castello Doria, una imponente construcción que se encuentra en la cima de una colina rocosa y debe su nombre a la familia Doria, una importante familia de la República de Génova. Además, desde el Castello se disfrutan las vistas más estupendas de la pequeña ciudad. La Palazzata es lo primero que veremos al llegar a Porto Venere, una línea de antiguas construcciones sobre el paseo marítimo. Lo interesante de estas casas no se ve a simple vista, pero detrás de éstas hay una roca a la cual estarían fijadas, quedando “colgadas” sobre el mar.

LEVANTO   Aunque no pertenece a la «fraternidad» de las Cinque Terre, esta pequeña ciudad ubicada al norte de Monterosso recibe muchos turistas y viajeros que la utilizan como punto base de alojamiento. Desplazarse desde acá hacia los otros pueblos resulta fácil y cómodo con el tren, y además cuenta con playa, tiendas, restaurantes, bares y buenos servicios que la hacen optima, incluso como destino balneario. La historia de Levanto se remonta al período de la República de Génova, al cual pertenecen el centro histórico medieval con su puerto, el castillo sobre la colina, las murallas medievales y la iglesia principal. Aquí fue dónde el fundador de FIAT, Don Giovanni Agnelli adquirió su propia Villa, lo que provocó el sucesivo desembarco de una clase social más pudiente, que fue poblando la ciudad de elegantes casonas, hasta culminar con la construcción del Casino Municipal en la playa. El interior de Levanto en cambio, se dedica a la agricultura principalmente de olivos y viñedos, como en el resto de la región, y se organiza en pequeñas y carismáticas aldeas, interesantes para visitar y conocer su antigua tradición de producción de aceite de oliva con molinos de piedra, como Lerici o Lizza.

Volastra es otro de los pequeños pueblos que rodean las Cinco Tierras. Se encuentra entre Corniglia y Manarola, y su característica construcción urbana circular hace suponer que su fundación resalga al período etrusco, es decir, anterior a los romanos. Lo que la convierte en anterior a todas las otras urbanizaciones más jóvenes. Su nombre deriva del latín Vicus oleaster, “pueblo de los olivos”, lo que se entiende perfectamente cuando al visitarlo vemos a sus alrededores centenares de los centenarios árboles.

PALMARIA es la más grande de las islas de la Liguria y se encuentra delante del burgo de Portovenere. Para llegar hasta allí contamos con un activo servicio diario de battelli; o barcas, cuyo boleto cuesta 4,50€ ida y vuelta, y se llega en 5 minutos. Palmaria resale por sus sendas y sus espacios naturales, y, claro está, por la belleza de sus panoramas. La Isla del Tino  en cambio, no permite el acceso a turistas por tratarse de territorio militar, y a Tinetto se llega únicamente con medios privados; pero ambas se pueden recorrer desde el mar.


QUÉ HACER

Además de recorrer las aldeas y disfrutar de un helado sentados en alguno de los simpáticos puertos, hay actividades interesantes para hacer, y otras que definitivamente no podés obviar.

– Excursión en barco por el archipiélago de las tres islas, de duración aproximada de dos horas y media, para conocer PalmariaTino e Tinetto. Precio 12€.

Actividades deportivas: Los deportes marinos van a la cabeza, con escuelas de diving y snorkeling, ya que la Reserva Marina del Parque Nacional es un verdadero paraíso de especies como meros, morenas, congrios, langostas, budiones y esponjas.

– A Fegina se encuentra también una escuela de vela, ubicada en el Círculo Velico del pequeño puerto.

El Seawatching es una actividad no invasiva que permite observar la fauna marina, principalmente aves y mamíferos, desde posiciones estratégicas en la costa o incluso desde una embarcación.

– Otra opción deportiva es el trekking por los centenares de senderos naturales del Parque, que un día sirvieran como vías de comunicación a los campesinos, y que hoy nos regalan vistas encantadoras.

– O un paseo en barco simplemente para admirar la Riviera lígure desde otra perspectiva.

– O un vuelo en parapente para disfrutar de una vista completamente diferente, cargada de adrenalina. Aunque esta actividad sólo se realiza durante el invierno, desde una plataforma natural sobre las colinas de Monterosso, descendiendo por las corrientes marinas hasta la playa de Fegina.

– Infaltable un aperitivo contemplando el atardecer y la puesta del sol desde cualquiera de los puertos o incluso puntos panorámicos de los diferentes senderos. Cualquier bar con mesitas externas servirá de apoyo para deleitarse y fotografiar el espectáculo de la naturaleza.

– No podemos tampoco saltar una degustación del sublime «Sciacchetrà», el vino local, en una de las tradicionales bodegas donde viene producido, y acompañarlo con alguno de los numerosos productos típicos regionales, como aceite de oliva en bruschetta, focaccia, pesto, y demás delicias ligures que merecen un capítulo aparte.


QUÉ COMER

Como en toda Italia, la cocina regional se va moldeando de acuerdo con las materias y productos de la zona. En toda la Riviera lígure la gastronomía gira en torno al mar, por lo que los platos a base de pescado fresco son protagonistas. Pero la tierra también es rica y no son pocos los platos vegetarianos que podemos gustar, como sopas o “minestrones” y salsas, de las cuales la más sobresaliente es el internacionalmente conocido “pesto”.

Focaccia clásica

La focaccia es otro de los productos más relevantes de la cocina lígure, y se trata de un tipo de pizza alta, que viene en diferentes “sabores”. La clásica es simple, condimentada sólo con una pincelada del más puro aceite de oliva y granitos de sal gruesa. La que lleva cebolla es la legítima versión original de aquella que los inmigrantes genoveses llevaron a Sudamérica, y que se arraigó en Buenos Aires hasta convertirse en parte de la gastronomía porteña, y hoy se la conoce como pizza fugazza o fugazzeta.

La farinata es otro ejemplo. Esta especie de tortilla realizada con harina de garbanzos corrió la misma suerte que la anterior, y hoy la encontramos en numerosas pizzerías de la capital argentina con el nombre de fainá.

Trofie al Pesto

Por último, otra de las delicias ligures son las “trofie al pesto”, un delicioso plato hecho con un tipo de pasta local aliñada con la mencionada salsa de albahaca, piñones y parmesano.

En estas tierras se produce gran cantidad de vino, que se puede adivinar observando las terrazas saturadas de viñedos. El Cinque Terre y el Sciacchetrà son las dos variedades más sobresalientes y certificadas DOC (Denominación de Origen Controlada), un título que garantiza la procedencia de las uvas y los procesos de elaboración.


DÓNDE DORMIR

Todos los pueblos de la Riviera lígure, desde Portovenere hasta Levanto cuentan con infraestructuras de alojamiento para viajeros. Los precios varían, pero por norma general en Levanto son ligeramente más económicos. Además, al ser la urbanización más grande de la zona, cuenta con más oferta y variedad.

En lo personal hice y recomiendo hacer couchsurfing, que tiene el valor agregado de conocer personas locales que seguramente nos aconsejarán mejor. De cualquier manera, lo más recomendable es tratar de planificar un viaje a Cinque Terre fuera de temporada de verano, ya que en las últimas décadas se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de Italia.


CÓMO LLEGAR

A las Cinco Tierras se llega desde La Spezia en tren, y hasta La Spezia se llega desde cualquier punto del territorio italiano y europeo, sea en coche, tren, bus, o incluso barco o avión, ya que cuenta con puerto y aeropuerto. Una vez allí, se puede recorrer el parque y los pueblitos de tres maneras: caminando, en tren o en barco.

El sendero peatonal que los une de norte a sur mide 12 km, y la fatiga que puedan causar sus subidas y bajadas, son bien compensadas con los idílicos panoramas que nos regala. No todos los senderos son gratuitos, para algunos hace falta ser poseedor de la Cinque Terre Card. Por otro lado, atención, porque puede haber desprendimientos rocosos que provocan el cierre del camino.

La vía marítima es la menos frecuente, aunque para llegar desde Riomaggiore hasta Portovenere por ejemplo, es una alternativa más interesante que el bus.

El tren es el modo más fácil y rápido para moverse de un lugar a otro, y también el más conveniente si se decide realizar el tour todo en un día. Hay uno cada media hora. El boleto común cuesta 4€, pero no permite subidas y bajadas. Para poder utilizar el tren ilimitadamente es necesario comprar un ticket especial, la Cinque Terre Card, que se puede adquirir en cualquiera de las estaciones, desde La Spezia hasta Levanto. Existen dos tipos de tickets: La Trekking Card que sólo sirve para caminar por todos los senderos del parque, cuyo precio es de 7.50€ por adulto, por día; y la C.T. Card Treno MS (multiservicios), que permite utilizar el tren ilimitadas veces durante todo el trayecto La Spezia-Levanto y viceversa. Cuesta 12.00€ por adulto y por día.

Se puede llegar en coche también, aunque es poco recomendable porque en la mayoría de los trayectos resulta más un estorbo, generando congestión de tránsito y pérdidas de tiempo.

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