Escapada a Le Cinque Terre

Escapada a Le Cinque Terre

La rutina en Firenze hizo que los meses volaran. Agarré dos trabajos con la intención de poder ahorrar plata más rápidamente para mi próximo viaje, por lo que mis jornadas laborales se alargaron hasta las 12, 13 e incluso 14 horas, en dos turnos, claramente. Pero no me pesa, lo hago porque son dos laburos muy relajados donde casi podría decir que voy porque me lo paso bien y me divierto. Durante los mediodías trabajo de camarera en un restaurante en pleno centro turístico, y por las tarde-noches en un bar.

El ambiente es super tranquilo, mis jefes son divinos y no rompen para nada, mi trabajo no es ninguna ciencia y mis colegas son buena onda en ambos lugares. Me la paso hablando de viajes y lugares la mayor parte del tiempo porque la mayoría de los clientes son turistas o estudiantes de otras ciudades y países, lo que además me ayuda a practicar y aprender idiomas, almuerzo y ceno gratis cada día, lo que me ayuda a ahorrar más rápidamente, y como si fuera poco, nunca tengo que cocinar ¡ni lavar los platos!!!😁

En el departamento no estoy mucho, y la mitad del tiempo que estoy lo aprovecho para dormir y descansar unas horas, pero las chicas igual son divinas y cuando podemos vemos alguna peli juntas, aunque yo no consiga jamás terminar ninguna y me duerma antes de llegar a la mitad de la trama. Las chicas ya lo saben, se ríen y después me cuentan el final. A veces cuando ni me despierto para los títulos finales, me cubren con una manta y me dejan seguir durmiendo hasta el día siguiente. Son unas dulces.

Conocí mucha gente, hice nuevos amigos, y sobre todo hablando con tantas personas de tantos lugares me nacieron nuevas ideas, nuevos planes y proyectos, y crecieron como nunca las ganas de volver a calzarme la mochila y rajar a cualquier lado. Pero como todavía no se cumple el plazo que me fijé, decidí escaparme unos días para hacer más amena la espera.Busqué mi listita de “escapadas”, leí de arriba abajo y de abajo arriba, y terminé clavando el dedo en…

..Le Cinque Terre

Salí del laburo a las 16.30 y me fui corriendo hasta Piazza Beccaria para encontrarme con el Blablacar que me llevaría hasta la ciudad ligure de La Spezia, 150 kilómetros hacia el noroeste. Además del conductor, en Firenze subimos tres, una chica de Génova que regresaba a casa, un estudiante florentino que iba a visitar a su novia, y yo. Cinco menos diez emprendimos camino, y dos horas más tarde me encontraba ya con el chico que me haría couchsurfing.

tranqui, en el trabajo..

Iván era un calabrés un poco logorroico, locuaz, aspirante a escritor que a los 34 años todavía vivía con su madre, lo que para mí fue un punto positivo, porque al saber que me esperaban para cenar, ya me estaba relamiendo los bigotes. Después de seis veranos pasados en Calabria, esa tierra espléndida que llevaré por siempre dentro mío, conozco bien lo que significa cenar en casa de un calabrés. Efectivamente no me equivocaba, diferentes antipastos o entradas, varios tipos de quesos, calzoni fritti (especie de empanadas fritas hechas con la masa de la pizza), verduras salteadas, pero, sobre todo, mucho peperoncino (ají picante), indispensable en cualquier dieta calabresa que se precie. ¡Que delicia! Después de una comilona bien meridional, su madre se fue a terminar de coser a máquina en otra sala y nosotros nos quedamos haciendo sobremesa con el vino que llevé como obsequio de cortesía.

Clásica postal de Le Cinque Terre

Las horas volaron escuchando clásicos de la música tradicional napolitana, lo que enriqueció mi pobre repertorio. Los argumentos de nuestros discursos saltaban de los viajes a la música, a la filosofía, historia, cultura italiana, literatura clásica y contemporánea. Me sentí contenta de poder debatir ciertos temas con alguien que no sólo entendiera mis discursos, sino que además tuviera respuesta a varias de mis preguntas. Yo sieeeeempre tengo preguntas, e Iván me aportó nuevos puntos de vista, y además al ser escritor me brindó interesantes consejos para mi blog y futuro libro.

Nuestra farfulla se alargó hasta bien entrada la madrugada, cuando ya no quedaba más vino en la botella, ni fuerza que sostuviera los párpados abiertos. Pocas horas más tarde me desperté con el delicioso aroma del café recién hecho, aunque todavía no había sonado la alarma del despertador. Bajé hasta la cocina y me quedé conversando con Palmira, su madre, hasta que bajó también Iván. Desayunamos, anoté varios datos que me servirían para el tour de las Cinco Tierras, les agradecí por todo, nos saludamos y cada uno siguió su rumbo.

Aldeas irreales

En la Estación ferroviaria de La Spezia compré un boleto de ida solamente por 4€. Existe también un único ticket que permite subir y bajar ilimitadamente en todas las estaciones que cubre el trayecto La Spezia – Levanto, pero yo hice mis propios cálculos y no me pareció necesario, porque además Iván ya me había adelantado que los pueblitos entre sí son fácilmente accesibles a pie. Pero te explico eso y mucho más en la Escueta Guía de Le Cinque Terre.

llegando a la primera de la cinco «tierras»

Caminé con calma por los pueblitos disfrutando de los detalles, de su cuidada decoración floral, del sol y de la brisa marina. Pero sin duda lo que más me impactó fueron las encantadoras vistas que regalan los senderos peatonales que unen un pueblo con otro. A lo largo de estos senderos, además, es fácil encontrar artistas inmortalizando esos paisajes.

También las gaviotas, siempre presentes, acompañan con sus graznidos a los caminantes que se pierden entre las terrazas de viñas y olivos, esperando la ocasión para llevarse algún resto de comida.

Para las cinco de la tarde decidí que ya había visto lo más importante, aunque me faltara Monterosso. Es que no quería perderme un espectáculo que no figura en los tradicionales itinerarios turísticos: ver el atardecer desde lo alto de la colina de la que yo considero la sexta joya de las cinco tierras, Porto Venere. Como no se puede llegar en tren y el precio del barco me pareció excesivo, tomé un bus que me costó 1,5€.

Porto Venere es un simpático burgo donde antiguamente solían refugiarse artistas y poetas; aunque supongo que hoy día lo siguen haciendo. Apenas llegar se ve de frente el pequeño puerto y la llamada Palazzata, que sería la línea de antiguas edificaciones construidas sobre el lungomare, o paseo marítimo.

Al final de esta, una serie de largas escalinatas te van guiando hacia la cima de una colina donde se encuentra el espléndido Castello Doria, una de las principales atracciones del lugar, tanto por la majestuosidad de la construcción, como por la belleza del paisaje que se ve desde lo alto. Y es exactamente ahí donde me dirigí, sin reparar demasiado en el resto del pueblito, debido a la falta de tiempo.

De camino compré una cerveza y una típica focaccia genovesa, ya que no había probado bocado en todo el día, absorbida en mi tarea de fotógrafa.

Al llegar a lo más alto algunas gaviotas interesadas en robarme un trozo de focaccia, me hicieron compañía mientras disfrutaba de esa puesta de sol idílica. Lo más llamativo del panorama fue una pequeña ventana a dos arcos que aún se mantenía en pie, aunque no tuviera ni paredes ni techo. Era particular, porque a través de ella podía observarse el mar, y porque además daba a la escena un aire de surrealismo.

Volviendo a Casa..

Después que el sol se escondió y el día llegó a su fin, emprendí el largo regreso a casa. Primero un bus me llevó desde PortoVenere hasta la ciudad de La Spezia, desde donde ya no quedaban trenes directos a Firenze y no me quedó más opción que tomar uno a Pisa.

En el tren conocí a una chica que hacía el mismo trayecto que yo, y como en Pisa nuestro cambio de trenes duraba dos horas, decidimos ir a visitar la Torre de noche para ver su iluminación, y luego ir por un helado. Seguramente Pisa tenga atractivos bares escondidos entre sus calles, pero nosotras no nos desviamos demasiado de la vía principal. No sea cosa de perder el tren y tener que quedarnos a dormir en Pisa.

A medianoche partimos con el último tren a Firenze, y llegamos a la estación de trenes florentina a las 03 am por problemas durante el viaje, problemas de los que yo nunca me enteré porque dormía profundamente en mi butaca. Llegué a casa y me desmayé en la cama, cansada pero satisfecha por los resultados del workshop fotográfico.

Ecco aquí los resultados:

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